Pink Floyd - The Endless River

Pink Floyd - The Endless River

Viernes, 7 de noviembre de 2014, Gran Vía de Madrid. Debo agradecer a la cadena de radio M80 la invitación para escuchar en primicia el tan esperado disco de Pink Floyd, The Endless River.

Por: David Pintos

Un nuevo disco de una de las bandas más grandes de la historia del rock es siempre un gran acontecimiento para un melómano empedernido como el que escribe este artículo. Sí esa banda es Pink Floyd, es además algo tan grande como el ya lejano recuerdo de la fiesta que vivimos en 1994 con la publicación de The Divison Bell.

Nada más y nada menos que veinte años han tenido que pasar para disfrutar de algo “nuevo”, y lo señalo entre comillas porque todos sabemos que no es algo tan nuevo. A pesar de ello, la expectación que ha creado tan magno evento es tan importante como si así lo fuera. Y no es para menos porque, The Endless River consta de cuatro caras y dieciocho temas de los que os voy a revelar mi primera impresión personal tras degustarlo como el más sabroso de los manjares.

Tarde fría en Madrid, caras sonrientes, unas ganas enormes de sentarme cómodamente a la espera de ser atrapado por la mágica música de una banda capaz de crear ambientes y sensaciones que traspasan lo descriptible con palabras. Las luces se atenúan, el silencio previo a los sonidos del primer corte del álbum generan una sensación de ansiedad propia de un reencuentro vital.

De pronto, cuando la mente ha conseguido desligarse de la ardua semana de trabajo, llegan a mis oídos los primeros sonidos de ‘Things Left Unsaid’, ambiente sonoro de gran delicadeza para ponerme en situación antes de que la melodía y la base de lo que está por venir adopte la forma que todos esperamos. Los fondos sonoros de las teclas del maestro perdido crean la carta de presentación perfecta, un preludio que muestra el comienzo de algo grandioso.

Todavía no he podido salir de mi asombro tras el impacto inicial y suena  ‘It's What We Do’, adquiriendo una trayectoria que semeja claramente al desarrollo de uno de los clásicos más queridos por la banda como es ‘Shine On You Crazy Diamond’. La inquietante pieza instrumental progresa de menos a más hasta alcanzar un clímax absoluto con el derroche emocional salido de las seis cuerdas de Gilmour. Los míticos sonidos de teclado y órgano del señor Wright te harán flotar en el confortable colchón de la magia que salía desde sus dedos.

 ‘Ebb and Flow’, es un hermoso final para el primer bloque inicial, el que te vuelve a conectar con la esencia fundamental de Pink Floyd si hace muchos años que no los has vuelto a escuchar.

Sin tiempo para un respiro, sin saber aún cómo asimilar lo que acaba de sonar, sumido en un sueño, absolutamente entregado, has de estar preparado, debes apresurarte, dejar a un lado las emociones y fundirte en lo que viene: ‘Sum’, un tema que te engancha por el alto contenido de marcas de identidad floydianas, tales como un riff de órgano que supone la base del tema, un alarde de desgarro de guitarra que supone una lección maestra del irrepetible Gilmour, y una batería por parte de Mason que te hará recordar las grandes obras de principios de los setenta. Navegas por los mundos sonoros, cierras los ojos, y tratas de encontrar el camino; estás perdido, buscas ubicar tu sillón en el espacio, no hay tregua, el show sonoro no da respiro, está cargado de la psicodelia que fue identidad de la banda, lo que oyes es alucinante, se llama ‘Skins’, una orgia de ritmos y sonidos que te trasportan de un mundo interestelar a la realidad de un día en la ciudad. Sin que el impacto te otorgue una pausa, ‘Unsung te prepara para que consigas penetrar en una nueva dimensión, esta vez más amable, un enlace perfecto para ‘Anisina’, un hermoso tema quesigue la tónica de este viaje sonoro y consigue elevarte de nuevo a los cielos, sumido en un sonido más cálido y amigable, una invitación para pasar al cielo donde habitan los dioses. ‘Anisina’ es un tema que suena a felicidad, a esperanza, donde los instrumentos melódicos como la guitarra y el saxo cantan, ríen y gozan en un ambiente festivo, un himno tal vez a una nueva era mejor para todos.

Tercera parte de la nueva obra de Pink Floyd y estamos en el ecuador, ‘The Lost Art of Conversationcomienza con una gran atmosfera cargada de sinfonía, anticipa una nueva forma, evoluciona a un sonido más contemporáneo, se enlaza de una forma perfecta con ‘On Noodle Street’, una hermosa pieza capaz de atraparte por completo y dejarte petrificado a tu sillón para deleitarte con ‘Night Light’antes de que sientas la necesidad de levantarte y coger el ritmo de ‘Allons-y (1)’, y con ella, recordar las canciones más rítmicas y bailables de Pink Floyd. Como este disco no concede tregua para asimilar lo que escuchas, ‘Autumn '68te vuelve a postrar en el sillón para que te dejes atrapar por unos órganos y bajos que te harán resonar y sumergirte en profundidades sonoras capaces de conectarte con el disco absolutamente. Ahora que has logrado la sinergia perfecta con lo que estas escuchando, ‘Allons-y (2)eleva el ritmo de nuevo para salir de la bruma, ver el cielo claro, y navegar en un bote de la misma forma que se refleja en la portada del álbum. Magnifica transición antes de llegar a ‘Talkin' Hawkin'’, una sensacional pieza para cerrar la tercera parte y que es sin duda uno de los momentos más álgidos y emotivos de la obra. El hermoso piano, la omnipresente guitarra de Gilmour, el ritmo lento y marcado del bajo y la batería, suena con aplomo hasta que se funden en un abismo, en una espiral que cierra de incierto fin acompañando las palabras del gran Stephen Hawking.

Callinges la primera parte del último bloque del disco, un compendio de sonoridades capaces de conseguir que te mantengas sumido en la vasta descarga sonora a la que te somete Pink Floyd con The Endless Rivers. En este caso, lo que oyes es una fusión perfecta entre los recuerdos del pasado más lejano de la banda y el impacto de la producción actual. Cuando eres consciente de este hecho suena ‘Eyes to Pearls’, y te hace pensar en lo que nos hemos perdido con veinte años de vacío floydiano. La fusión de batería, guitarra y teclado te lleva de la Pompeya de los sesenta a tu sillón en 2014. La magia no cesa, da paso a ‘Surfacing’, un deleite sonoro absoluto, que sirve de colchón perfecto para hacer resonar de forma celestial las cuerdas del maestro, un enésimo viaje por el fascinante y fantástico mundo de emociones sonoras que tan sólo esta banda es capaz de crear. El sueño hecho realidad llega a su fin, lo hace con ‘Louder Than Words’, donde la voz de Gilmour hace por fin acto de presencia y pone la guinda al pastel con la intención de dejarnos el mejor de los sabores de boca. El tema suena muy en la línea de los magistrales temas de The Division Bell, cargados de un magnetismo sonoro enigmático. El cierre del disco es una fiesta, un imborrable recuerdo que se graba a fuego en nuestra memoria para ser recordado de por vida. La voz que aviva nuestros recuerdos, el trio de voces que lo llenan todo, el sólo de guitarra majestuoso, el peso de la atmosfera que sirve de sustento al tema, el ritmo tranquilo y poderoso..., un conjunto de elementos capaces de elevar el disco a los cielos, al olimpo reservado para los elegidos. El disco finaliza con el mismo riff de guitarra con el que empieza.

A pesar de la duración del disco, la sensación es que el tiempo ha pasado demasiado rápido, ha sido un viaje maravilloso por el cosmos, por el mundo onírico de una banda que siempre ha conseguido cautivar a los más soñadores, hacerte volar sin tener que aprender, parar el tiempo y que los relojes suenen ajenos a nuestra atención.

Ha sido una experiencia nostálgica, un recuerdo del pasado en forma de banda sonora.

La cantidad de material sobrante de las jams de The Division Bell ha sido la base principal para crear este homenaje a la historia de la banda y al genio de Richard Wright. A pesar de tratarse de bases compuestas para crear temas de un disco de canciones, estamos ante un trabajo capaz de dar sentido a esos restos, que no permanezcan olvidados para siempre y que adquieran vida en una suerte de disco con capacidad para unir esas piezas y dar sentido al conjunto llamado The Endless River.

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